sábado, 12 de octubre de 2019

Manuel Bartlett, percepción ciudadana y confianza política.


En estás últimas semanas se ha puesto en discusión pública la riqueza patrimonial del encargado de la CFE, Manuel Bartlett. La percepción de quienes encontraron esta asimetría entre las convicciones que emanan del Gobierno (referida a la austeridad republicana) y la supuesta riqueza no indizada del funcionario, encuentran un punto en el cual podrían articular una crítica a la llamada “Cuarta Transformación”. A esto se le añade su participación como Secretario de Gobernación para el entonces partido hegemónico PRI, cuyo principal componente, al menos en la percepción de la ciudadanía, es la corrupción. Lo resultante es: un personaje cuyo pasado ensombrecido por ser vocero de “la caída del sistema” en 1988, fusionado en la cuarta transformación, aquella que, a través del ejemplo jesuita, reivindicaría la política en México.

Para evaluar la crítica (y su potencial) de la oposición a este punto, convendría tomar como base los estudios de confianza política. La confianza política es uno de los componentes que ayuda a motivar o no, la participación política del ciudadano. Dicha confianza se compone de tres elementos: a) intervención en los juicios subjetivos del ciudadano (respecto a la política), b) no es permanente, ya que la, c) información que el ciudadano tenga a la mano, actualiza dicha confianza. Ahora bien, el ciudadano nutre su confianza o la adelgaza por medio de tres criterios: a nivel personal, en nivel institucional y por identificación partidista (o confianza categórica).

Expliquemos cada uno de los tres criterios con los cuales el ciudadano podrá confiar o no en el funcionario. Para construir la confianza a nivel personal (en el ciudadano), se deben de observa las conductas (del funcionario) formando una “reputación analizada”, siempre en el pasado. Como ejemplo, el ciudadano podrá ver un camino bifurcado, aquel que mira hacia la gestión política y aquel que observa su carrera académica profesional. Para el ciudadano, se resuelve como beneficioso y confiable que Bartlett posea estudios de Derecho en Francia y que cuente con grados de Maestría y Doctorado en Ciencias políticas de la UNAM. En el otro extremo, su carrera como funcionario político le ha dotado de un fuerte conocimiento y experiencia en la administración pública, pasando por dos Secretarías de Estado, una gubernatura estatal y dos periodos como senador, fungiendo actualmente como director de la Comisión Federal de Electricidad. Hasta ahora, los puntos que lleva son positivos, pero ni la sólida preparación académica ni la experiencia como funcionario público han podido quitarle el velo oscuro de la famosa “caída del sistema”, cuyo acontecimiento dio como ganador de las elecciones a Carlos Salinas de Gortari, por el Partido Revolucionario Institucional. Aquí, el componente sentimental somete al racional, la sensación en la ciudadanía de una especie de traición asociada con el amplísimo consenso periodístico e intelectual-académico que define aquel momento como el pico más alto de la corrupción institucional, hace de Manuel Bartlett, una figura indeseada en la 4T.

La confianza Institucional, segundo componente valorativo en función de la subjetividad del ciudadano es el que da un fuerte contrapeso al primer punto. Aquí vale expresar lo escrito y estudiado por Salazar y Temkin[1]: “A puede confiar en B, aunque no se sepa de él, porque B actuará según las reglas, en caso contrario, se castigará si no promueve los intereses de A”. Es fácil entender este punto, el agente individual, será absorbido, por las exigencias estructurales de la institución, dicho de otra manera: “se asume que B, al margen de sus propios intereses y de sus características personales, está sujeto a una estructura de incentivos que la lleva a actuar en el mejor interés de A”[2] En ese sentido, dentro de la percepción que se tiene de la 4T y su efigie genética, Andrés Manuel López Obrador, la confianza que se tiene en el presidente (medida por su amplísima aceptación ciudadana[3]) se traslada diametralmente a las secretarías e instituciones del Estado Mexicano. La percepción ciudadana respecto a la individualidad de Bartlett, queda saldada con el cobijo institucional de la 4T. 

Tercer componente, la confianza categórica. Offe[4] y Dunleavy[5] nos ayudan a comprender: “si el político B, forma parte del partido con el que A se identifica, éste considera que ambos comparten las mismas preferencias, por lo que B, al promover sus preferencias, promueve automáticamente las de A”. Recordemos que Bartlett en el 2006, aún dentro del PRI llamó a dar un “voto útil” por AMLO, el distanciamiento respecto a Madrazo es más que evidente. Luego, en el 2012 se convierte en Senador y coordinador del grupo parlamentario del PT. Para la percepción ciudadana, la reivindicación política es solvente, al vincularse con un partido político en el espectro de la izquierda condensada. Siguiendo esto, lleva siete años aglutinando confianza categórica entre quienes se identifican con la izquierda nacionalista.

En conclusión, los ciudadanos formarán su confianza política, en torno al análisis y combinación de estos tres criterios (según los autores citados): acciones individuales, resultados institucionales (adherencia estructural) e identificación partidaria. Si bien las riquezas en inmuebles que posee Manuel Bartlett, y su tropiezo con el encubrimiento del fraude electoral priista del 88, el manto de confianza que le dota la estructura de la 4T y su progenitor Andrés Manuel López Obrador, es suficiente para que en la Vox Populli no resuene el descubrimiento de Loret de Mola. Es necesario e imperativo, para un sano desarrollo democrático en México, tener un bloque de oposición responsable, pero, sobre todo, capaz de mover la confianza casi perdida de la ciudadanía hacia sus propias propuestas (si es que las hay). Un camino escarpado que ellos mismos crearon, pero que deberán allanarlo si buscan hacer competencia en los próximos comicios.




[1] Salazar, R., & Temkin, Y.. (septiembre 2006). “Abstencionismo, escolaridad y confianza en las instituciones Las elecciones federales de 2003 en México”. Política y Gobierno, XIV, 5-42.
[2] Hardin, Russell (1999), “Do we Want Trust in Government?”, en Warren, Mark E. (1999), “Democracy and trust”, Cambridge, Cambridge University Press. pp. 22-41.
[4] Offe, Claus (1999), “How can We Trust our Fellow Citizens?”, en Warren (ed.), pp. 42-87.
[5] Dunleavy, Patrick (1988), “Group Identities and Individual Influence: Reconstructing the Theory of Interest Groups”, British Journal of Political Science, vol. 18, núm. 1 (enero), pp. 21-49.